¿Son los alimentos sin grano tan saludables como creemos?

por Mar 9, 2021Alimentación, Salud0 Comentarios

 

 Si hace años que convives con un animal y eres el responsable de su alimentación, te habrás dado cuenta de la progresiva transformación que ha experimentado la industria de la comida procesada para animales a lo largo de la última década. La tendencia es clara: un incremento de los productos promocionados como “naturales” y el uso de la proteína como reclamo saludable frente a los cada vez más denostados carbohidratos. En un contexto donde los cereales se miran con recelo, no es extraño encontrar productos que usan como gancho ser “100% libres de grano”, a pesar de ser alimentos no dirigidos a priori a animales con patologías. ¿Son realmente tan saludables los alimentos sin grano como nos hacen creer?

 Los defensores de la comida sin grano dicen tener argumentos sólidos desde una perspectiva evolutiva. Según ellos, tanto perros como gatos son animales eminentemente carnívoros y no necesitan los carbohidratos para sobrevivir, por tanto su alimentación debería pasar por la eliminación de todo tipo de cereales, a los que también señalan como principales responsables de numerosas enfermedades autoinmunes y alergias.

Pero desde Dinbeat nos preguntamos…  ¿Existen evidencias reales que sostengan estas afirmaciones?

Un poco de contexto.

En lo que respecta a la alimentación humana, durante muchos años la famosa pirámide nutricional fue considerada una guía de referencia imprescindible para profesionales, con una prevalencia significativa de cereales, priorizándolos ¡incluso sobre frutas y verduras! Las carnes rojas y las grasas fueron las grandes damnificadas al ser relacionadas con la prematura aparición de enfermedades coronarias y diversos tipos de cáncer.

Sin embargo, unos cuantos años después, diversos estudios y meta-análisis de largo recorrido refutaron aquellas ideas. En la actualidad, más allá de unos pilares básicos que todos tenemos interiorizados, la ciencia aún no ha conseguido llegar a un acuerdo sobre cual es la forma de alimentación más saludable, existiendo numerosas dietas que varían de forma notable según las creencias, intereses y experiencias individuales.

Por su parte, la situación es mucho peor en lo que respecta a alimentación en animales: hay menos inversión y menos recursos, con lo cual hay pocos estudios y de peor calidad. Además tenemos el handicap de que cada animal y raza tiene sus particularidades genéticas que implican diferentes requerimientos nutricionales (reparto de macronutrientes, cantidad de calorías, equilibrio hormonal, etc), lo cual plantea enormes dificultades a la hora de obtener evidencias fiables.

Lo que SÍ sabemos.

 Al igual que ocurre con la dieta humana existen unos mínimos que hemos de cumplir para proporcionar a nuestro petmate (ya sea perro o gato) una alimentación sana y equilibrada. Sabemos que la proteína es indispensable, que debemos evitar las grasas saturadas, que tenemos prohibidas levaduras y azúcares, que los vegetales y los cereales son la mejor fuente de fibra, que la hidratación ha de ser constante, etc.

Sin embargo, no existen estudios que hayan encontrado evidencias sobre los supuestos beneficios de una alimentación completamente libre de granos frente a una dieta tradicional. Al igual que tampoco se ha encontrado ninguna relación entre el consumo de alimentos con grano y la aparición de alergias o reacciones autoinmunes. Un bulo que sigue circulando y es aprovechado por algunos fabricantes.

Por otro lado, es fácil desmontar la teoría “paleo-evolutiva” que esgrimen los detractores del grano: el ser humano también se alimentó durante la mayor parte de su existencia principalmente de vegetales y carne, no de cereales. Sin embargo, llevamos milenios consumiéndolos sin que tengan un efecto negativo sobre nosotros. Aplicando el mismo paralelismo: los animales domésticos no son animales salvajes, y no debemos tratarlos como tales en tanto que se trata de entornos completamente diferentes a los que ya se han adaptado.

Parece claro que las dietas grain-free no aportan ningún beneficio real a los animales sanos, lo cual nos lleva a plantear la cuestión a la inversa. ¿Pueden ser las dietas sin grano perjudiciales?

Algunas razas de perro son especialmente sensibles a dietas sin grano.

Estudios recientes desarrollados por la U.S. Foods & Drugs Administration han encontrado una correlación alarmante entre el desarrollo de miocardiopatías dilatadas caninas y el consumo de este tipo de alimentación sin grano. Este problema se ha encontrado principalmente en perros grandes y de raza como el doberman pinscher, el bóxer o el gran danés. El estudio encontró un déficit generalizado de taurina en los niveles sanguíneos, una patología muy bien documentada como precursora de la enfermedad cardiovascular.

No queremos caer en el clásico error de confundir correlación con causalidad: hacen falta más estudios y de más extensión para llegar a conclusiones. Pero no dejan de ser indicios preocupantes que no deberíamos ignorar si nuestro petmate pertenece a alguna de las razas más sensibles a este tipo de problemas

¿Y que pasa con los gatos?

Con los felinos estamos en una situación similar: no existe ninguna evidencia relevante que sugiera que la comida sin grano sea más saludable que las tradicionalmente ofrecidas a los gatos domésticos. Los cereales, de hecho, pueden contribuir al bienestar felino con valiosos nutrientes, incluyendo  fibra, vitaminas y minerales, que serían más difíciles de implementar en una alimentación sin grano.

Por cierto, al contrario de la creencia generalizada: el gluten puede ser positivo en la dieta felina (con excepción de intolerantes y alérgicos).

Por otro lado, y a diferencia de lo que ocurre con los perros, no se ha podido encontrar ninguna relación entre su consumo y la aparición de enfermedades coronarias en gatos de cualquier tamaño o raza.

La clave: El inmenso poder del marketing.

 ¿Por qué toda la industria se ha puesto de acuerdo en intentar vendernos el concepto grain-free como si fuera el santo grial de la alimentación para animales domésticos? La explicación es bien sencilla: se trata de una mera cuestión de marketing.

 ¿Sabías que si una persona está convencida de que el trigo puede ser dañino para su salud, es probable que también lo perciba como un alimento dañino para su compañero animal? Tenemos tendencia a proyectarnos de alguna manera en nuestros petmates y eso está siendo explotado por los especialistas en marketing y publicidad de la industria alimentaria para mascotas.

 Los que controlan la comunicación de una marca comercial obviamente no se dirigen al animal, sino a la persona que va a pagar por el producto. Por eso, diseñan una estrategia de publicitaria (algo que abarca multitud de aspectos: desde la publicidad en TV hasta el packaging) en torno a una misma idea central: tratar de convencernos de que su producto es el más saludable, nutritivo, sabroso, con mejores materias primas, etc.

Los sellos “free”, los logos que indican si un alimento ha sido enriquecido con un nutriente determinado, los “certificados de calidad”, la apelación constante a conceptos que asociamos a la salud como “Natural” (pero que por sí solos no significan nada), el uso de estudios con conclusiones tergiversadas para beneficiar al producto… Todas ellas son técnicas que se llevan utilizando con gran éxito en la comercialización de la alimentación humana desde hace décadas, y que funcionan igual de bien con la alimentación animal. Si lo que publicitan es verdad o no… ya es otro tema.

 Por eso, a la hora de elegir un producto, debemos entender que la industria tiene sus propios intereses y algunos de sus actores van a colocar el compromiso con el bienestar animal en un segundo plano. ¿Nuestro consejo? Desconfía de las empresas que prometen milagros por un simple cambio de pienso y simpatiza con aquellas que se preocupan de hacer un marketing ético y una comunicación transparente.

Entonces… ¿son las dietas sin grano tan saludables o no?

En primer lugar hay que dejar claro que este tipo de productos suelen ser idénticos a sus equivalentes con grano en cuando a densidad calórica y distribución de macronutrientes, siendo ambos alimentos ultraprocesados con porcentajes similares de proteína animal y carbohidratos. Lo que sí varía es su procedencia. En los grain-free los cereales son sustituidos por ingredientes como patatas, guisantes o garbanzos: fuentes de carbohidratos que no son ni más ni menos saludables, ni más ni menos naturales.

 Aún más significativo es el hecho de que algunos estudios hayan encontrado trazas de cereales (cebada, concretamente) en productos etiquetados como grain-free. Algo muy a tener en cuenta para todos aquellos que tengan petmates alérgicos al gluten.

En cuanto a su seguridad, aquí no hay nada de lo que preocuparse. Todos estos productos, con o sin grano, han pasado por una serie de certificaciones que garantizan un consumo seguro. Así que, ¡tranquilx! Puedes seguir proporcionándole una alimentación saludable y equilibrada.  Sin perder de vista, eso sí, los casos específicos de razas de perro que comentábamos más arriba y que pueden ser más sensibles a esta dieta.

Nuestra recomendación.

 Los Dinbeaters somos conscientes de lo importante que es una óptima alimentación para que los animales puedan disfrutar de una buena calidad de vida. Creemos que en está sociedad necesitamos más información objetiva y menos dogmas de fe, por eso hemos recopilado de forma sencilla los datos existentes más relevantes sobre la dieta sin grano, para que así puedas tener una opinión fundamentada.

 Por tanto, si te interesa la alimentación sin grano, te recomendamos que analices cuidadosamente cuales son las razones que te llevan a pensar así y seas consciente de la relevancia que tendrá para tu compañero animal eliminar de por vida todo un grupo de alimentos. Si sigues interesado, pero tienes dudas sobre cómo podría afectar a la salud de tu petmate, consulta y expón todas tus dudas a tu veterinario de confianza: el es la persona que más te puede ayudar a determinar cuál es la dieta más adecuada, y qué alternativas tienes en función de su edad, estilo de vida y salud general.

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